Políticas culturales, una asignatura pendiente…

Por: Lic. Raciel Linares.

La cultura, entre sus objetivos fundamentales debe dedicar atención a los procesos de circulación y recepción de los productos simbólicos, entonces,  ¿cuál es el papel de las políticas culturales en esos momentos posteriores a la generación de bienes y mensajes?

En política cultural, no se trata de que el Estado se dedique únicamente de éste fenómeno, ni a oponerlos a las políticas privadas. Se trata de ponerse a tono con los nuevos tiempos y lograr una participación activa y democrática en la selección de lo que va a circular o no, de quiénes decidirán lo que entra o no en la agenda pública.

En los momentos actuales y en el contexto cubano con la apertura de las nuevas formas de gestión no estatal, la creciente producción y difusión de estos bienes simbólicos, va ensanchando fisura entre los consumos de elites y de masas. Por otro lado el desarrollo creciente de la tecnología de la información facilita la circulación transnacional, lo que agrava la situación entre los individuos más informados y aquellos que se entretienen  disminuyendo la responsabilidad del Estado en cuanto al destino de las políticas públicas y la accesibilidad de los productos culturales.

La mejor política de cada cultura, es aquella que fomenta la producción endógena, es decir desde adentro, sin hacerse eco, de lo importado como calco de otras culturas y ayuda a su difusión en el entramado de la vida social, sin necesidad de poner aduana a los bienes y mensajes foráneos. Las industrias culturales, no es sólo las grandes empresas, es también lo que circula, se produce y consume en la vida del hombre. El mercado de la industria musical, por sólo tomar un ejemplo entendible, debe vender los discos y videos que se promueven por diversas vías, entre ellas la televisión; sin dejar de preocuparse por los espectáculos en vivo, donde existe una interacción directa con el producto simbólico, con el creador, a las personas no sólo les gusta escuchan la música, también la bailan, la cantan y la disfrutan, identificándola como aquella memoria colectiva que ha ido pasando de generación en generación como elemento identitario. Asimismo lo vemos en los bailes tradicionales, herederos de una rica transculturación.

Los Estados pueden y deben proteger legalmente y auspiciar económicamente programas de producción y distribución que ayuden a existir a los grupos y redes menos favorecidas, más innovadores o representativos de minorías. Las leyes de telecomunicaciones que se están impulsando son aún insuficiente, más si no existe creatividad institucional para explotarlas, no sólo en el ámbito internacional, y buscar alternativas viables en el contexto nacional y territorial para difundir la cultura por medios muchos menos costosos, tales como: pequeñas editoriales, radios comunitarias, plegables, pequeños boletines, emplazamiento en obras sociales que puedan ir ubicando a aquellos menos asistidos, por los grandes medios de la información.

Otro aspecto importante en este sentido, es la aprobación legal de vínculos con otros circuitos del área, con países cercanos en cuanto a idiosincrasia y cultura se refiere. Lo que puede hacer cada país está entrelazado con lo que se pueda hacer con los otros, creando fondos para producir industrias de cultura a escala latinoamericana o iberoamericana: Cine, TV, ediciones, videos, programas informáticos, programas de artes visuales, danzarios, teatrales u otros en coproducción diseñada de acuerdo con  necesidades de grupos o regiones culturales.

¨A la cultura pueden venirle bien, y a veces le resultan indispensables, leyes que limiten la especulación mercantil, el clientelismo político y todo lo demás que trata de usarla para fines ajenos. Pero la cultura no suele avanzar cumpliendo leyes (ni siquiera las del mercado, que poco se dejan ver), sino desplegando lo imprevisto, lo innovador, lo no legislado, lo que no se puede industrializar de una vez para siempre. La cultura como modo de vivir y como revisión incesante de los modos de vivir. Como recurso para encarar lo que los modos consagrados de vivir no resuelven. Lo dijeron muchos artistas, y también un ministro de Cultura inglés, quien afirmaba en su intervención  en el Consejo de Ministro de Cultura en 1993 ¨….cuándo la economía está estancada, cuando no se puede crear empleo al viejo estilo, cuando las personas están afectadas, entonces, es cuando hay que intervenir en la cultura, porque ello significa invertir en tolerancia, en diversidad, en creatividad e imaginación.¨(Higgins).

Si analizamos la proyección de la política cultural en Cuba, son muy pocas las instituciones que proyectan una promoción cultural hacía afuera, como  una estrategia que potencie el conocimiento y reconocimiento de lo mejor y más representativo de la cultura cubana en el campo internacional, y que decir entonces de la promoción a lo interno, y no dejar esta labor a los artistas de forma individual y fuera del sistema institucional, dejando margen a la especulación, el robo de talentos y la fuga de capital, humano y financiero; son innumerables los ejemplos en este sentido. No existe un presupuesto institucional que permita dinamizar proyectos de colaboración en el campo cultural y sí existe no es bien utilizado.

Los decisores de políticas culturales, deben de conjunto con las leyes (legislación), trazar una estrategia que permita no sólo identificar aquello que es bueno o malo para su comercialización, sino quién y qué se comercializa. Deben velar por que el producto que se comercialice, sea un producto genuinamente de calidad, identificativo de la genuina cultura y no aquella que promueve el mal gusto, la mediocridad o el mercantilismo banal. Este es un aspecto con el que chocamos a diario y del que estamos plagados.

Si vamos a la cultura de los servicios de igual manera las empresas no estatales, han puesto en jaque a las empresas estatales. Los servicios que prestan son de mayor calidad, el trato es exquisito, la materia prima no falta, los modos de actuación del personal son más comprometidos y todo esto tiene una justificación: la estimulación y la exigencia, la responsabilidad, y el respeto al otro.

De ahí, que veo muy bien que el Estado comience a pensar en las pequeñas empresas, en el cooperativismo y en cualquier de las formas de trabajo por cuenta propia como nueva forma de gestión no estatal. Igualmente, no puede desentenderse que aquello que queda fuera, como el cuidado de la ciudad, los parques, los centros de interés económico y social, la disciplina social, la salud, la educación y la cultura artística.

El Estado, tiene la obligación de abrir espacios para la iniciativa, personal o colectiva en aras de un mayor desarrollo de la producción de bienes y servicios, así como apoyar, financiar y fiscalizar toda la producción, recepción y circulación de estos productos, incluso los simbólicos.

En este sentido, todavía queda mucho que aprender y resultará una asignatura pendiente mientras no exista un legítimo liderazgo, permanencia e inteligencia.

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Autor: Pinar.com

Revista sociocultural del occidente cubano

2 comentarios en “Políticas culturales, una asignatura pendiente…”

  1. Amigo Raciel, cualquier intento de hacer una panorámica de lo que está ocurriendo en tiempo presente, pasa por asumir la inevitable miopía con que se lastra lo cercano; especialmente la ausencia de espacios para los debates socioculturales, encuentros que muevan y estimulen el ejercicio del pensamiento crítico de la intelectualidad vueltabajera; se suma ademas a esta dificultad discriminatoria, el velo de confusión que crean ciertos vicios propiciados por gran parte de las instituciones en los últimos años.
    Debemos reflexionar sobre el afán normativo a menudo ejercido desde una supuesta objetividad, asociado de modo funcional a una muy cuestionable concepción de la razón personal y no social o colectiva.
    Además del silencio y dentro de este fenómeno interesado de canonización, una percibe una proliferación de interpretes “instantáneos” e improvisados que todo lo cuestiona desde puntos de vistas irracionales que confunden el ejercicio de la crítica con una neurosis de subjetividad que desde luego no favorece la libertad creativa.
    Desde la coherencia interpretativo de este espacio que diseñas para el debate oportuno, se entenderá que las líneas que siguen las políticas culturales pueden recibirse como una aproximación al mapa posible de nuestra realidad cultural. ¿Será posible?

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    1. Amigo Heriberto, cuándo uno piensa en hacer algo que de alguna manera refleje la realidad que vive, en primer lugar, debe estar convencido que lo que está creando en primer orden, es para alzar su voz, además de que silva para que los demás puedan también alzarla. Hoy existe una apertura a la diversidad, al cambio a que cadfa cual pueda decir su verdad sin limitaciones, aunque aún existen personas de mentalidad estrecha, que más que ayudar entorpecen las ideas de los demás, la creatividad y el deseo de cambiar todo lo que debe ser cambiado. Espero que este Blog, sirva a personas que como tu quieran comunicar sus inquietudes y preocupaciones sobre temas diversos. Espero que él pueda ser un puente de comunicación entre los públicos. Hagámos con valentía aquello que otros no quieren o no pueden hacer. Y te digo, decir la verda, siempre que esta esté basada en la pura objetividad, y no en un montaje banal, mal orquestado, todo será posible. Espero que continúes colaborando con éste medio que se abre al mundo para comunicar la realidad socio cultural de Cuba y fundamentalmente de nuestro territorio, que de seguno será muy necesario.

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